5/07/2016

Lo difícil de explicar lo que nos pasa

  ¿Con cuántas cosas de la vida nos pasa que, cuando queremos contarlas, no podemos? Hablo específicamente de las situaciones en las que ni nosotros mismos podemos explicarnos lo que sentimos. Y entonces pasa que queremos decirlo, queremos que los demás sepan cómo nos sentimos, pero no sabemos cómo. No sabemos si, al intentar contarlo, vamos a decirlo bien, o si los demás van a entender algo diferente. Y si entienden otra cosa capaz termina siendo en vano, porque la idea es justamente que capten ESE sentimiento que tenemos nosotros. Y ahí, ¿cuántas veces deseamos que ese otro al que queremos decirle algo directamente esté un rato adentro nuestro, sienta lo que sentimos, entienda, y después vuelva a ser él mismo? Es la única forma. Pero es imposible. Nos resignamos: o hacemos el mejor esfuerzo, usando todas nuestras habilidades lingüísticas para expresar algo tan complejo como un sentimiento propio, y esperamos que el otro haya entendido algo parecido a lo que queríamos que entienda; o simplemente nos callamos y nos quedamos con eso adentro... y dejamos que siga siendo solo nuestro y para nosotros. 
  Yo digo todo, cuento todo. Nunca sabré cual es el mensaje que llega al otro. Tal vez lo que cuento llega al otro en la forma de un simple comentario, algo que le conté porque tenía ganas y que el otro escuchó porque sí. O tal vez algo que cuento se transforma en otro sentimiento, uno de la otra persona, en el caso de que lo que cuente sea más importante (para mí o para el otro). Eso está bueno... yo puedo contarle a alguien que me siento mal por una cosa que me pasó y puede pasar que esa persona sienta algo al escucharme. Puede pasar que esa persona me quiera y sienta dolor al enterarse de que yo siento dolor. También puede pasar que le sea totalmente indiferente, pero es más difícil, porque probablemente esa persona nunca me escuche, y probablemente yo nunca le hable sobre algo que me pasa porque para eso tengo a los que sí les importa.